Queridísimo primo:
Me he quedado sin palabras.
Qué pena, qué grandísima pena. Pero sé que has encontrado tu paz. Vivías
absolutamente atormentado (tu madre bien me lo contó), pero las últimas veces
te encontré muy contento y animado. Llegamos
incluso a ser colegas de
profesión.
Te conocí muy pequeño. Eras
absolutamente perfeccionista en todo. Muy divertido. Unos ojos (heredados de tu
madre) que iluminaban y una sonrisa que producía felicidad. Me acogisteis en
vuestra casa como una más, cuando más os necesité y pasasteis a ser mis tíos y
mis primos in aeternum
Desde fuera hay decisiones
que no se pueden entender. Simplemente las respetamos. Tú eres tú solo. No
dejas mujer. No dejas hijos. Pero sí dejas una colección de primos
que nunca te olvidaremos. Y a tus padres rotos por el dolor, pero en cierta
manera reconfortados porque saben que has dejado de sufrir.
Te quiero.
Javi, sit tibi terra
levis.
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